
Las primeras formas lapidarias romanas del siglo II a.C. tienen una simplicidad muy similar a las de sus antecesores griegos, pero a diferencia de aquellos, éstas ya se encuentran en un orden más estricto. La regularidad se convierte en un requisito.
Nuestro alfabeto actual deriva directamente de la romana mayúscula o capital, también llamada Trajana (grabada en la base de la columna erigida en honor del Emperador Trajano en 114 d.C.) o lapidaria por el hecho de ser una letra usada para escribir en piedra (en latín = lápida). En la columna Trajana, están contenidas todas las características que más tarde se considerarían clásicas en la configuración de los signos capitales.